Mel y la flor más hermosa del jardín
Mel, una pequeña abejita, descubre entre tantas flores del jardín una muy especial llamada Rosalinda, y nace entre ellas una linda amistad basada en compartir.
2–5 años
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En un jardín lleno de flores de todos los colores, vivía una abejita pequeñita llamada Mel, con rayas amarillas y negras y alitas transparentes que brillaban con el sol. Cada mañana, al despertar, Mel miraba el jardín y susurraba: "Subhanallah, qué hermosa es la creación de Allah."
Cada mañana, Mel volaba de flor en flor buscando néctar dulce. Había margaritas blancas, tulipanes rojos y campanitas azules, pero ninguna la hacía detenerse por mucho tiempo.
Un día, mientras zumbaba entre los rosales, Mel vio algo que la dejó sin aliento: una flor enorme de pétalos rosados y morados, brillando como si tuviera gotitas de luz en su centro dorado. "Alhamdulillah, gracias Allah por crear algo tan bello," pensó maravillada.
Mel se acercó despacito, con el corazón latiendo emocionado. "Nunca había visto una flor tan hermosa," pensó, revoloteando alrededor de sus pétalos suaves como terciopelo.
"Hola, abejita," susurró la flor con una vocecita dulce. "Me llamo Rosalinda. ¿Quieres probar mi néctar?" Mel asintió feliz y se posó con cuidado sobre uno de sus pétalos rosados.
El néctar de Rosalinda era el más delicioso que Mel había probado, dulce como la miel y fresco como el rocío de la mañana. "Gracias por compartir tu dulzura conmigo," zumbó Mel agradecida.
Desde ese día, Mel visitaba a Rosalinda cada mañana, y mientras bebía su néctar, la ayudaba llevando su polen dorado a otras flores del jardín para que también pudieran crecer fuertes y bonitas.
Al caer la tarde, con el cielo pintándose de naranja, Mel regresó volando a su panal calentito. Pensó en Rosalinda y susurró: "Alhamdulillah por un día tan hermoso y por todas las flores que Allah puso en mi camino." Y así, feliz y agradecida, se quedó dormida soñando con pétalos rosados. Fin. 🐝🌸
Fin