Kiko, Mia y el tesoro de la playa
Kiko y Mia, dos papagayitos hermanos, juegan con sus amigos en la playa mientras sus padres van a pescar, y durante una búsqueda de tesoros aprenden que ayudar y compartir es más valioso que ganar.
2–5 años
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En una pequeña isla rodeada de mar azul, había una cueva calentita escondida entre las rocas. Allí vivían dos papagayitos: Kiko, de plumas verdes brillantes, y su hermanita Mia, de plumas amarillas como el sol.
Cada mañana, sus papás, Fefo y Nina, extendían sus alas grandes y coloridas. "Vamos a pescar para el almuerzo," decía Fefo. "Puéden jugar afuera con sus amigos mientras volvemos," añadía Nina con una sonrisa.
Kiko y Mia salieron volando de la cueva y se encontraron con sus amigos: Coco el cangrejito y Tuti la tortuguita, que ya los esperaban en la playa de arena blanca.
"¡Juguemos a buscar tesoros!" propuso Mia, muy emocionada. Todos estuvieron de acuerdo: había que encontrar cinco conchitas de colores escondidas entre las rocas y la arena antes de que el sol llegara a lo más alto del cielo.
Kiko encontró una concha rosada rápidamente, pero notó que Tuti la tortuguita se había quedado atascada entre dos piedras grandes, sin poder avanzar. "¡Esperen, Tuti necesita ayuda!" gritó Kiko, dejando su búsqueda por un momento.
Entre los cuatro amigos empujaron suavemente las piedras y ayudaron a Tuti a salir. "Gracias, amigos," dijo Tuti feliz. Mia sonrió: "Ayudarnos es más importante que ganar el juego."
Siguieron buscando juntos, esta vez compartiendo cada concha que encontraban en lugar de guardarlas para sí mismos. Al final, tenían cinco conchitas hermosas: una rosada, una azul, una blanca, una morada y una dorada, todas juntas en el centro de un círculo de amigos.
Cuando el sol comenzó a bajar, Fefo y Nina regresaron volando con peces frescos para comer. Kiko y Mia les contaron toda la aventura: el juego, la ayuda a Tuti, y cómo compartieron cada tesoro encontrado.
Ya de noche, en su cueva calentita, Kiko y Mia se acurrucaron junto a sus papás con las pancitas llenas. "Hoy aprendimos que ayudar y compartir es el mejor tesoro," susurró Mia antes de cerrar los ojitos. Y así, felices y agradecidos, los dos papagayitos se quedaron profundamente dormidos. Fin. 🦜🏝️
Fin