Los patitos que se perdieron en la niebla
Cuando una niebla espesa separa a una familia de patitos junto al río, Tico, el hermano mayor, aprende a guiarse por el sonido del agua y a mantener la calma para reunir a sus hermanitos.
1-4 años
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Junto al río, vivía una familia de patitos muy unida: Tico, el hermano mayor, de plumas amarillas brillantes; y sus tres hermanitos pequeños, de plumitas doradas suaves.
Un día, mientras jugaban cerca del agua, una niebla espesa y gris comenzó a cubrirlo todo. En pocos minutos, ya no se veía nada más allá de la punta del pico.
—¡Hermanitos, no se alejen! —gritó Tico, pero su voz se perdía entre la niebla blanca. Cuando por fin pudo ver a su alrededor, ¡sus tres hermanitos habían desaparecido!
Tico sintió miedo, pero recordó algo importante: cerca del río siempre se escuchaba el mismo sonido, un "glu-glu-glu" suave del agua corriendo entre las piedras.
—Si sigo el sonido del río, encontraré el camino —pensó Tico. Cerró los ojitos, escuchó con atención, y comenzó a caminar despacio, guiándose solo por el glu-glu-glu del agua.
Poco a poco, escuchó otro sonido: un piar bajito y asustado. ¡Era su hermanito más pequeño, temblando junto a una roca! Tico lo abrazó con sus alas amarillas y le dijo: —No tengas miedo, sigamos el sonido del río juntos.
Los dos hermanitos, tomados de la pata, siguieron el glu-glu-glu del agua. Muy pronto encontraron a los otros dos hermanitos, abrazados bajo una hoja grande, esperando con esperanza.
—¡Tico nos encontró! —piaron felices los patitos. Juntos, siguiendo el sonido del río, caminaron todos en fila, tomados de las patas, hasta que la niebla comenzó a disiparse.
Cuando por fin llegaron a casa, Mamá Pata los esperaba con las alas abiertas. —Tico, fuiste muy valiente al no rendirte —dijo, orgullosa—. Y ustedes fueron muy listos al quedarse juntos y confiar en su hermano.
Desde ese día, cada vez que algo los asustaba, los patitos se tomaban de las patas y recordaban: juntos, escuchando con calma, siempre se encuentra el camino a casa.
Fin