El camellito agradecido

Un pequeño camello del desierto llamado Sami aprende a decir «Alhamdulillah» por cada cosa buena de su día, hasta quedarse dormido bajo las estrellas.

2–7 años

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En un desierto bañado de arena dorada, vivía un camellito pequeño llamado Sami. Cada mañana, cuando el sol asomaba detrás de las dunas, Sami abría los ojos y decía: "Alhamdulillah, gracias por un nuevo día."

Sami caminó hasta un pequeño oasis donde el agua brillaba como un espejo. Bebió despacito y sonrió: "Alhamdulillah por el agua fresca que calma mi sed."

Bajo una palmera alta, Sami encontró sombra fresquita para descansar del calor. Cerró los ojos un momento y susurró: "Alhamdulillah por esta sombra tan bonita."

Un grupo de pájaros del desierto se posó cerca de Sami, cantando alegremente. Él movió su colita feliz: "Alhamdulillah por mis amigos que cantan conmigo."

Cuando el viento sopló fuerte y levantó arena por todas partes, Sami se acurrucó junto a su mamá camella, calentito y protegido. "Alhamdulillah por mi mamá que me cuida," pensó.

Al caer la tarde, una caravana de viajeros compartió dátiles dulces con Sami y su familia. Él masticaba feliz: "Alhamdulillah por la comida rica que como hoy."

El cielo se tiñó de rosado y naranja mientras las estrellas empezaban a asomarse una por una sobre las dunas. Sami miró hacia arriba: "Alhamdulillah por este cielo tan hermoso."

Ya de noche, Sami se acostó sobre la arena tibia, junto a su mamá, bajo un manto de estrellitas brillantes. Cerró los ojitos susurrando una última vez: "Alhamdulillah por este día tan bonito." Y se quedó profundamente dormido. Fin. 🌙🐪

Fin