Amina y la luna agradecida

Amina no puede dormir, y la luna le enseña un secreto: contar las cosas bonitas del día antes de cerrar los ojos.

3–7 años

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Portada del cuento «Amina y la luna agradecida»
Ilustración 1 de «Amina y la luna agradecida»

Amina daba vueltas y vueltas en la cama. No podía dormir. Se asomó a la ventana y allí estaba la luna, grande y dorada, sonriéndole desde el cielo.

—¿Tú tampoco puedes dormir? —le preguntó Amina en voz bajita.

Ilustración 2 de «Amina y la luna agradecida»

—Yo trabajo de noche —respondió la luna con voz suave—. Baja al jardín un momentito, quiero enseñarte un secreto.

Amina bajó de puntillas con su gatita Nur, que la seguía a todas partes. El farol del jardín brillaba calentito como una estrella pequeña.

Ilustración 3 de «Amina y la luna agradecida»

—Mira hacia arriba —dijo la luna—. Cada estrella es una cosa bonita que te pasó hoy. Esa es el abrazo de mamá. Aquella, el pan calentito del desayuno. Y esa otra, la risa de tu hermano.

Amina contó estrellas y estrellas, y su corazón se fue llenando de gracias: Alhamdulillah por cada una.

Ilustración 4 de «Amina y la luna agradecida»

De vuelta en su cama, Amina bostezó feliz. Ya no quería contar ovejas: ahora contaba regalos.

—Gracias, luna —susurró—. Alhamdulillah por este día.

Y con el corazón agradecido, se quedó dormida antes de llegar a la décima estrella.