La ballena que guardaba las canciones del mar

Cada noche, una ballena muy anciana canta una canción distinta para arrullar a los peces del arrecife. Cuando llega un pececito nuevo, tímido y sin canción propia, descubre que él también tiene una, solo que aún no la había escuchado.

2–5 años

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Portada del cuento «La ballena que guardaba las canciones del mar»
Ilustración 1 de «La ballena que guardaba las canciones del mar»

Cuando el sol se hundía en el mar y el agua se volvía azul oscuro, todos los peces del arrecife nadaban hacia la misma roca grande.

Ilustración 2 de «La ballena que guardaba las canciones del mar»

Allí vivía Ballena Abuela, la más vieja y más sabia de todo el océano. Cada noche cantaba una canción para que los peces se durmieran.

Ilustración 3 de «La ballena que guardaba las canciones del mar»

—Esta noche —dijo Ballena Abuela— les cantaré la canción de las olas suaves. Y su voz sonó como el mar cuando descansa.

Ilustración 4 de «La ballena que guardaba las canciones del mar»

Los peces cerraban los ojitos, uno por uno, mecidos por la canción, hasta quedarse dormidos entre las algas.

Ilustración 5 de «La ballena que guardaba las canciones del mar»

Pero esa noche había un pececito nuevo. Se llamaba Coral y acababa de llegar al arrecife. No conocía a nadie, y no tenía sueño.

Ilustración 6 de «La ballena que guardaba las canciones del mar»

—¿Por qué no te duermes? —le preguntó Ballena Abuela, muy despacito. —Porque todos tienen su canción —dijo Coral—. Y yo no tengo ninguna.

Ilustración 7 de «La ballena que guardaba las canciones del mar»

Ballena Abuela sonrió con calma. —Cada pez del arrecife tiene su propia canción. Solo que tú todavía no la has escuchado.

Ilustración 8 de «La ballena que guardaba las canciones del mar»

—Cierra los ojos —le dijo—. Escucha el mar: el susurro de la arena, el baile despacito de las algas, tu propia respiración.

Ilustración 9 de «La ballena que guardaba las canciones del mar»

Coral cerró los ojos. Y poco a poco, entre el vaivén del agua, empezó a escuchar algo suave, que sonaba solo para él.

Ilustración 10 de «La ballena que guardaba las canciones del mar»

Era su corazón, latiendo tranquilo, como una canción de cuna que siempre había tenido, solo que nunca la había notado.

Ilustración 11 de «La ballena que guardaba las canciones del mar»

—Esa es tu canción, Coral —susurró Ballena Abuela—. Llévala contigo cada noche, y nunca estarás sin ella.

Ilustración 12 de «La ballena que guardaba las canciones del mar»

Y así, Coral se durmió por primera vez en el arrecife, arrullado por su propia canción, mientras Ballena Abuela vigilaba el mar tranquilo hasta el amanecer.

Fin