Tito el Erizo y la Manzana Compartida

Tito el erizo encuentra la manzana más grande del bosque y descubre que compartirla con sus amigos la hace aún más dulce.

3–7 años

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Portada del cuento «Tito el Erizo y la Manzana Compartida»
Ilustración 1 de «Tito el Erizo y la Manzana Compartida»

En un bosque de hojas doradas vivía Tito, un erizo pequeño con muchas espinas suaves. A Tito le encantaba caminar despacito buscando cosas ricas para comer.

Ilustración 2 de «Tito el Erizo y la Manzana Compartida»

Una tarde de otoño, Tito encontró la manzana más grande que había visto en su vida. Estaba roja, brillante y olía dulce como la miel.

"¡Esta manzana es toda mía!", pensó Tito muy contento.

Ilustración 3 de «Tito el Erizo y la Manzana Compartida»

Tito llevó la manzana rodando hasta su casa bajo un tronco viejo. Pero la manzana era tan grande que no cabía por la puerta.

Ilustración 4 de «Tito el Erizo y la Manzana Compartida»

Mientras Tito pensaba qué hacer, llegó Coco, la ardilla, con la panza vacía. Luego llegó Pepa, la tortuga, caminando despacito y con hambre. Y también llegó Bruno, el conejo, dando saltitos curiosos.

Ilustración 5 de «Tito el Erizo y la Manzana Compartida»

Tito miró la manzana enorme y luego miró a sus amigos. "Solo no puedo comerme algo tan grande", pensó. "Pero juntos, sí podemos."

Ilustración 6 de «Tito el Erizo y la Manzana Compartida»

Con mucho cuidado, Tito cortó la manzana en pedacitos iguales. Le dio uno a Coco, otro a Pepa, otro a Bruno, y se quedó con el suyo.

Ilustración 7 de «Tito el Erizo y la Manzana Compartida»

Todos se sentaron en círculo bajo las hojas doradas, masticando despacito y riendo juntos. La manzana sabía más dulce que nunca, porque la estaban comiendo en compañía.

Ilustración 8 de «Tito el Erizo y la Manzana Compartida»

Esa noche, Tito se acurrucó feliz en su tronco. Aprendió que las cosas buenas, cuando se comparten, se sienten todavía mejor. Y así, abrazado por esa idea calentita, cerró los ojos y se durmió.