Tuti, la oruga que soñaba con volar

Tuti, una pequeña oruga rayada de amarillo y negro, aprende a tener paciencia y confiar en sí misma mientras se transforma en una hermosa mariposa.

2–5 años

Escuchar el cuento

0:00 / 2:49

Portada del cuento «Tuti, la oruga que soñaba con volar»
Ilustración 1 de «Tuti, la oruga que soñaba con volar»

En una hoja verde y redonda, bajo el sol de la mañana, nació Tuti: una oruguita pequeñita, rayada de amarillo y negro.

Ilustración 2 de «Tuti, la oruga que soñaba con volar»

—¡Tengo hambre! —dijo Tuti, y mordisqueó su primera hoja.

Comió y comió, hoja tras hoja, hasta que su barriguita quedó redondita y feliz.

Ilustración 3 de «Tuti, la oruga que soñaba con volar»

En el jardín conoció a Bibi, la mariquita roja de puntitos negros, y a Zumzum, la abeja amarilla y negra.

Los tres jugaban a las carreras entre las flores, aunque Tuti siempre llegaba la última.

—No importa —reía—, ¡yo disfruto el camino!

Ilustración 4 de «Tuti, la oruga que soñaba con volar»

Un día, Tuti sintió su cuerpo raro y pesado.

—Creo que me estoy transformando en algo —les dijo a sus amigos, un poco asustada.

Ilustración 5 de «Tuti, la oruga que soñaba con volar»

La abuela oruga, de color verde oscuro y antenas caídas, se acercó despacio.

—No tengas miedo, pequeña. Todas las orugas guardamos una sorpresa dentro. Solo hay que tener paciencia.

Ilustración 6 de «Tuti, la oruga que soñaba con volar»

Tuti buscó una ramita tranquila y allí tejió, hilo a hilo, su propia casita: un capullo dorado y brillante.

—Aquí voy a esperar —susurró.

Ilustración 7 de «Tuti, la oruga que soñaba con volar»

Pasó un día. Pasaron dos. Pasó una semana entera.

El viento mecía el capullo dorado, la lluvia lo lavaba, el sol lo calentaba.

Tuti esperaba y esperaba, aunque a veces le costaba tener paciencia.

Ilustración 8 de «Tuti, la oruga que soñaba con volar»

Dentro del capullo dorado, algo increíble estaba pasando: el cuerpo de Tuti se transformaba poquito a poco, como quien arma un rompecabezas nuevo.

—¿Y si no funciona? —pensó, un poquito nerviosa.

Pero siguió confiando.

Ilustración 9 de «Tuti, la oruga que soñaba con volar»

Una mañana, el capullo se abrió con un crac suavecito.

De adentro salió Tuti… ¡pero ya no era una oruga! Tenía alas grandes, de colores naranja y azul.

—¡Soy una mariposa! —exclamó, aunque todavía tenía las alas arrugaditas y húmedas.

Ilustración 10 de «Tuti, la oruga que soñaba con volar»

Esperó un ratito más al sol, hasta que sus alas naranjas y azules se secaron y se estiraron.

Entonces, con un pequeño salto… ¡voló!

Ilustración 11 de «Tuti, la oruga que soñaba con volar»

Voló hasta donde jugaban Bibi la mariquita y Zumzum la abeja.

—¿Quién eres tú, mariposa tan bonita? —preguntaron sus amigos, sin reconocerla.

—Soy yo, Tuti. Solo que ahora puedo volar.

Ilustración 12 de «Tuti, la oruga que soñaba con volar»

Y juntos, entre risas, descubrieron que cambiar no borra quién eres por dentro: solo te ayuda a mostrar todo lo que ya llevabas guardado.

Fin.

Fin