Tuti, la oruga que soñaba con volar
Tuti, una pequeña oruga rayada de amarillo y negro, aprende a tener paciencia y confiar en sí misma mientras se transforma en una hermosa mariposa.
2–5 años
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En una hoja verde y redonda, bajo el sol de la mañana, nació Tuti: una oruguita pequeñita, rayada de amarillo y negro.
—¡Tengo hambre! —dijo Tuti, y mordisqueó su primera hoja.
Comió y comió, hoja tras hoja, hasta que su barriguita quedó redondita y feliz.
En el jardín conoció a Bibi, la mariquita roja de puntitos negros, y a Zumzum, la abeja amarilla y negra.
Los tres jugaban a las carreras entre las flores, aunque Tuti siempre llegaba la última.
—No importa —reía—, ¡yo disfruto el camino!
Un día, Tuti sintió su cuerpo raro y pesado.
—Creo que me estoy transformando en algo —les dijo a sus amigos, un poco asustada.
La abuela oruga, de color verde oscuro y antenas caídas, se acercó despacio.
—No tengas miedo, pequeña. Todas las orugas guardamos una sorpresa dentro. Solo hay que tener paciencia.
Tuti buscó una ramita tranquila y allí tejió, hilo a hilo, su propia casita: un capullo dorado y brillante.
—Aquí voy a esperar —susurró.
Pasó un día. Pasaron dos. Pasó una semana entera.
El viento mecía el capullo dorado, la lluvia lo lavaba, el sol lo calentaba.
Tuti esperaba y esperaba, aunque a veces le costaba tener paciencia.
Dentro del capullo dorado, algo increíble estaba pasando: el cuerpo de Tuti se transformaba poquito a poco, como quien arma un rompecabezas nuevo.
—¿Y si no funciona? —pensó, un poquito nerviosa.
Pero siguió confiando.
Una mañana, el capullo se abrió con un crac suavecito.
De adentro salió Tuti… ¡pero ya no era una oruga! Tenía alas grandes, de colores naranja y azul.
—¡Soy una mariposa! —exclamó, aunque todavía tenía las alas arrugaditas y húmedas.
Esperó un ratito más al sol, hasta que sus alas naranjas y azules se secaron y se estiraron.
Entonces, con un pequeño salto… ¡voló!
Voló hasta donde jugaban Bibi la mariquita y Zumzum la abeja.
—¿Quién eres tú, mariposa tan bonita? —preguntaron sus amigos, sin reconocerla.
—Soy yo, Tuti. Solo que ahora puedo volar.
Y juntos, entre risas, descubrieron que cambiar no borra quién eres por dentro: solo te ayuda a mostrar todo lo que ya llevabas guardado.
Fin.
Fin